El turismo solidario y los turistas solidarios.

El turismo solidario

Cuando yo viajo no me gusta que me vean como “turista”, tampoco me gusta que me vean como “cliente” porque siento que la gente sólo ve en mi a un hombre con una billetera. Soy una persona con una historia de vida, con ideas, con emociones; no soy un recurso económico a secas.

Muchos turistas tienen ese mismo sentimiento y por eso buscan nuevas maneras de hacer turismo. Una de esas formas alternativas de viajar y recrearse es el TURISMO SOLIDARIO. Se trata de que las personas que viajan se quiten el traje de “turistas” y entren en contacto de tú a tú con las personas de las comunidades. Ese contacto directo, sin poner delante la etiqueta de “turista-cliente” y “prestador de servicios turísticos”, permite que las personas se conozcan, que creen lazos de fraternidad y en muchas ocasiones se ayuden.

En mis viajes he tenido la fortuna de enseñar a los encargados de 4 oficinas de turismo comunitario a usar Facebook. Les mostré cómo abrir la cuenta, qué información compartir y cómo mantener contacto con las personas. Ese tipo de experiencias le han dado un gran valor a mis vacaciones.

Algunas agencias de viajes se dedican a organizar vacaciones de turismo solidario para personas que quieren experimentar situaciones como la que acabo de describir arriba. Esas agencias están muy vinculadas con las comunidades, conocen sus necesidades y reunen a viajeros que quieren colaborar para resolverlas.

Lo cierto es que a nivel mundial hay muy pocos turistas solidarios. Estoy seguro que un centro turístico no podría obtener ganancias enormes especializandose en turismo solidario… y esto es lógico, porque el turismo solidario es una actitud de viaje, no es, en sentido  estricto un segmento de mercado. ¿Por qué digo esto?, porque la ayuda, la solidaridad y sus resultados no se venden como si fueran mercancías.

Los turistas solidarios

La idea del turismo solidario es transferir conocimiento, tiempo y esfuerzo en beneficio de las empresas de turismo y de las comunidades (indígenas y rurales). ¿A cuántos de nosotros nos gusta ayudar? ¿a cuántos nos gustaría sentirnos útiles, solidarios y en retribución a lo que damos sentirnos valorados?… Supongo que a muchos. Esa necesidad afectiva de dar ayuda la cargamos en nuestros viajes porque es una condición que va dentro de nuestro espíritu. No hace falta contratar un viaje de turismo solidario para ser solidario.

Las comunidades indígenas con empresas de turismo tiene que aprovechar esta situación y entablar una comunicación de tú a tú con los viajeros que les despierte su espíritu solidario. Los académicos dicen que eso se logra mediante una cosa que se llama “proceso conversacional”. No lo voy a describir aquí, sólo diré que para lograr una comunicación directa con los viajeros basta con ser sinceros, atentos y honestos, no pedir la ayuda así de golpe. Hay que conocerse, los unos a los otros, compartir las historias y hacer patentes las necesidades de una manera muy discreta: sin decir “ayúdame, ándale”.

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¿Qué aprendemos de todo esto?

No todos los viajeros tendrán el deseo de colaborar, pero algunos sí. La idea es descubrir mediante charlas de tú a tú, coloquiales pero muy respetuosas el lado solidario de nuestros  huéspedes y establecer con ellos, cuando sea posible, una relación de fraternidad y colaboración. Muchos beneficios pueden derivar de ello, para los viajeros, para las empresas de turismo y para las comunidades.

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